No ha habido sorpresas con los movimientos del Tribunal Supremo. A cualquier persona de la calle la hubieras encontrado ayer escéptica. Sin confiar en una justicia que, por lo menos hoy, ha dejado en entredicho su credibilidad al dar más palos de ciego que un niño rompiendo una piñata de cumpleaños, el optimismo se mostraba en palabras que solo se pronunciaban con la boca peque...
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