Copiamos a los demás porque nos gusta lo que vemos. Y no hay nada de malo en ello, oiga. Si contamos con el consentimiento de los propios autores, ¿qué daño hace que adaptemos sus productos? ¿Qué importará que bebamos de fuentes ajenas? Orgullosos deberían sentirse los creadores que han ideado estilos envidiables; su filosofía habrá avanzado a través del globo para dejar huella...
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