Estalló la burbuja inmobiliaria y su detonación sepultó el mercado. Lo que antes fue un campo fecundo se convirtió en un páramo cubierto de cascotes. El panorama no podía ser más desolador. Pero como siempre sucede cuando todo queda arrasado por el caballo de Atila, un destello de esperanza comenzó a refulgir en el rincón más penumbroso. La paulatina recuperación económica que ...
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